En La Molina, Lima, hay una instalación que pocos peruanos conocen pero que tiene un papel silencioso en la seguridad alimentaria mundial: el banco de germoplasma del Centro Internacional de la Papa (CIP), la colección de papa más grande del planeta. Veamos cómo funciona el banco de germoplasma de papa del CIP y por qué importa.
El banco más grande del mundo, en Perú
El banco del CIP conserva miles de variedades de papa —entre nativas y silvestres—, además de camote y otras raíces y tubérculos andinos, recolectadas a lo largo de décadas en distintos países de América Latina. Parte de esta colección se mantiene también in vitro, un método de conservación que permite guardar el material genético sin depender de la siembra continua en campo.

Cómo llega una papa nativa al banco
Antes de formar parte de la colección del CIP, cada variedad nativa de papa pasa por un proceso de recolección directamente en comunidades agrícolas andinas, seguido de una caracterización que documenta sus propiedades y origen — un trabajo que, en la última década, ha permitido al CIP distribuir miles de muestras únicas tanto a investigadores peruanos como a instituciones en decenas de países, tanto desarrollados como en desarrollo.
Una copia de seguridad en el Ártico
Como medida adicional de respaldo, parte de este germoplasma se envía también a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, una instalación construida bajo tierra en una isla noruega del círculo polar ártico, diseñada específicamente para preservar semillas de cultivos de todo el mundo ante cualquier escenario de pérdida en sus países de origen — ya sea por desastres naturales, conflictos, o cualquier otra causa.
La repatriación: devolver la diversidad a las comunidades
Una parte importante de este trabajo no es solo conservar, sino también devolver: a través de programas de repatriación de germoplasma, el CIP entrega de vuelta a comunidades campesinas andinas variedades nativas que en algún momento fueron recolectadas en esa misma zona, después de haber pasado por procesos de control fitosanitario. Este tipo de proyectos ha ayudado a incrementar la diversidad genética cultivada en decenas de comunidades andinas, incluyendo zonas emblemáticas como el Parque de la Papa, en Cusco.
Por qué esto importa frente al cambio climático
Esta labor de conservación no es solo un ejercicio de archivo histórico. Muchas variedades nativas de papa conservadas en estos bancos presentan características de tolerancia a condiciones climáticas extremas —relevantes frente a la variabilidad climática creciente en los Andes—, y parte del trabajo del CIP consiste precisamente en devolver estas variedades a las comunidades agrícolas para fortalecer su resiliencia frente a este tipo de desafíos.
En Colibrí Origins, instalaciones como esta nos recuerdan que la biodiversidad andina que tanto valoramos no se conserva sola — depende de decisiones activas de investigación y conservación, muchas de ellas tomadas, convenientemente, aquí mismo en Perú.
